Pedro Páramo, Juan Rulfo

Una madre que muere y tiene la suficiente entereza, fuerza y conciencia como para darnos alguna orden y cargarnos con algún secreto tiene tanto poder como peligro. Una madre que muere, una madre muerta que habla en vida, puede dejarnos historias sin empezar, historias acabadas, aventuras, recuerdos, cartas, voces del pasado, llaves que abren cuartos prohibidos y un sinfín de cargas emocionales. Pero Juan Preciado, el joven protagonista de Pedro Páramo, tiene, con las últimas palabras rancias de su progenitora, una misión: encontrar a su padre al que nunca vio, acudir a Comala, el lugar donde puede dar con él y… y qué. ¿Y qué se encuentra Juan Preciado? ¿La típica escena de película de domingo que tiene reencuentro y ternura y lágrimas y un montón de historias que quedan por contar? ¿Puede encontrarse Juan Preciado con una segunda familia a la que desconocía y a la que empezará a querer después de que todos los prejuicios y todas las órdenes de su madre muerta consigan silenciarse tras el tiempo y el amor que le darán sus hermanitos pequeños y recién conocidos? ¿Podrá la nueva madre ahuecar el dolor y llevarse ese título que a priori parece insustituible? Nada de eso. No es el estilo de Juan Rulfo. El silencio, la duda, un viento arenoso y mucho desconcierto es lo que le espera a Juan Preciado y al lector, que se encontrará tan perdido como él o incluso más. La historia es todos los encuentros del muchacho con los habitantes de Comala. ¿Pero a qué huelen todos ellos? Huelen a eterna pregunta. Algunos de ellos ni siquiera oyeron el nombre de su padre -¿y cómo?-, otros conocían a su madre y fueron hasta amigos de ella -¿y cuándo?-. Otros están enterrados por capas y capas de algo tétrico que no se acaba de entender mientras se lee Pedro Páramo. ¿Pero adónde fue el padre de este muchacho? ¿Qué pretendía la madre mandándole a este lugar perdido y laberíntico? Y al final todo se confunde y no viene a ser otra cosa que relatos del tiempo y su paso maldito, relatos que tienen todo su peso en las palabras mismas, en la forma que tiene Juan Rulfo de disfrazar a sus personajes y de moldearlos en tipos duros, hombres y mujeres mejicanos que no se doblegan con facilidad. Entonces… ¿al final este pobre huérfano encuentra a su padre, tiene alguna revelación en cuanto a su madre, encuentra alguna respuesta? Pues no encuentra ninguna y las encuentra todas: se topa con la muerte y con que ya todo es irreversible. Yo empecé esta novela sin tener ni idea de su argumento ni de todos los escondites que tenía Comala y, sin embargo, no me parece que desmerezca sabiendo que el pueblo encuentra su justificación en la verdad verdadera que es la irrealidad de una vida que ya no existe. Juan Preciado va en busca de su padre y se encuentra con y en un lugar desierto y fantasma, se encuentra con que ya no le queda nada ni nadie excepto la eterna espera.
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