Alondra, Dezsö Kosztolányi

Ediciones B, Zeta bolsillo, 2010, (trad. Judith Xantús).

Dezsö Kosztolányi (Szabadka, 1885-Budapest, 1936) fue uno de los primeros colaboradores de la mítica revista Nyugat, que aglutinó a la vanguardia artística de Hungría y tuvo su época de esplendor antes y después de la Gran Guerra. La ciudad de Szabadka es una ciudad de provincias, un poblón, como se llamaba en España con desprecio a las ciudades del estilo, y en ella se inspira Kosztolányi para crear su literaria ciudad de Sárszeg, en la que se sitúan algunas de sus novelas, Alondra

entre ellas. Los húngaros se sentían —como ocurría en casi todos los países europeos que no estaban en vanguardia, por otra parte, entre ellos el nuestro— atrasados, alejados del centro y, verdaderamente, el campo mantiene un estilo de vida cuasi feudal. Sólo «Buda», Budapest, adquiere en la época una vitalidad y una efervescencia cultural que la asemejan a París. Dezsö se fue pronto a Budapest y allí se quedó, trabajando como periodista durante toda su vida y publicando una profusa obra muy variada.

Alondra es una joven —no ya tan joven— muy fea. No tan fea como para ser observada constantemente como monstruosidad pero sí lo suficientemente fea para que la gente aparte de ella la mirada. No es siquiera mera fealdad; es una fealdad desagradable que, de alguna manera que no identificamos, incluye el alma. Su propio padre, que la ama, al verla bajo una sombrilla, piensa: «Una oruga debajo de un rosal».

Además, tiene ya 35 años, lo que para la época era haber perdido, en la práctica, la posibilidad de formar una familia, por buena que fuera la dote que guardara para el caso. Lo que se ha llamado, durante mucho tiempo y hasta no hace tanto, y que aún hoy en día se mantiene vivo el subconsciente y no tan subconsciente de muchas personas, una solterona. En Qué bello es vivir, el protagonista disfruta del privilegio de ver qué habría sido de los que lo rodean si él no hubiera nacido: uno es un alcohólico, otro es malvado, la ciudad se ha entregado al vicio… pero lo insoportable es que su esposa, su alegre e independiente esposa, es… ¡bibliotecaria!, ¡solterona! Eso no lo soporta. Por eso decide que sí, que quiere recuperar su vida.

Cuando el destino de la mujer es el matrimonio y la crianza de los hijos y no hay más opciones, ser solterona es ser un cadáver en vida, un individuo no realizado, una mujer no mujer. Y la novela de Kosztolányi refleja el aburrimiento, la mezquindad angustiosa de una vida tal, no sólo para Alondra sino para sus viejos padres. Porque la novela no trata, o no sólo, sobre Alondra, sino sobre sus padres. Alondra se va una semana a casa de unos parientes, y todo cambia. Los sentimientos encontrados de los padres respecto a Alondra los enfrentan a sí mismos y a su vida. La ciudad es otra. Tan pronto la vida que llevan cuando Alondra está a su lado semeja un sueño, un presente continuo en el que jamás ocurre nada, como es la vida a la que se han entregado o que los ha atraído durante esa semana la que se convierte en un sueño habitado por fantasmas. Tan pronto el hogar es fantasmal como lo es la ciudad. Desfilan personajes magistralmente retratados por Kozstolányi en una pincelada, con una perspicacia impactante. La pequeña ciudad de Sárszeg en 1899 (la novela es de 1925) puede ser cualquier pequeña ciudad europea, no sólo del fin de siglo sino de una época que se extiende hasta no hace tantas décadas en nuestro país, por ejemplo, y valga como muestra la institución del casino como centro social. Fuera de la historia, anclada también en esa duración eterna que es el presente. Un presente sin fin. La burguesía y los bohemios: el médico, el boticario, el jefe de bomberos, el periodista, el juez, los actores y las actrices.

Si tuviera que resumir el tema de la novela diría que trata del silencio hondo, el de la represión, el de lo que no se menciona, ni a uno mismo, para que no exista. De los sentimientos que se entremezclan con el amor más profundo cuando la desgracia anda en juego. De la tristeza que se pega al cuerpo como neblina, sin verse.

Muy recomendable, al igual que todas las obras de Kosztolányi, de quien Sándor Marai dijo: «Todo lo que Deszö Kosztolányi escribe es invariablemente perfecto».

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Kornel Esti. Un héroe de su tiempo, Dezsö Kosztolányi

Bruguera narrativa 2007

Dezsö Kosztolányi (Hungría 1885 – 1936) es uno de los mayores escritores húngaros, uno de esos autores centroeuropeos que se han vendido redescubriendo los últimos años para nuestro gozo y edificación. Otro húngaro para amar. Tuvo éxito en vida, como muestra el prólogo de Thomas Mann a una de sus primeras novelas, Nerón, el poeta sangriento, por ejemploo, y fue traductor y escritor de amplio registro, con libros de poesía, novelas y ensayo.
En el título, Kornel Esti. Un héroe de su tiempo, se apuntan ya el retrato de una época y un mundo así como el tono paródico –sin acidez; más bien ternura y una honda comprensión de los asuntos humanos– que podemos esperar.
El narrador y su entrañable amigo Kornel se encuentran de adultos después de muchos años de distanciamiento. Ambos se sienten incompletos, “¿De qué sirve el poeta sin el hombre? ¿De qué sirve el hombre sin el poeta?”, y acuerdan unirse en una obra conjunta, el presente libro, narración de las aventuras de kornel Esti, que no ha triunfado y sigue siendo un bohemio de corazón. El narrador, por el contrario, se ha acomodado y se siente alienado. Personalmente considero que este acuerdo no es sino un desdoblamiento –liberador- del narrador. El gran tema de “el doble”; pero si esto es así o no es secundario para la apreciación de la obra. Allá cada lector.
El tono es lírico, tierno y humorístico. La otra obra que he leído de Kozstolányi, La cometa dorada, es una tragedia -maravillosa- y me ha sorprendido muy gratamente descubrir esta otra faceta suya. La misma penetración en el alma de los hombres, la misma ternura, pero qué gracia. Se lee sonriendo, o incluso riendo a carcajadas.
Hay muchos episodios memorables, unos por cómicos, otros por tiernos, otros por su exceso expresionista construido por amontonamiento, pero personalmente me quedo con el retrato de la sociedad bohemia e intelectual de los modernos. El propio título del capítulo –y todos son del estilo paródico de éste- es encantador en sí: “Donde se nos proporciona la descripción animada e instructiva de un solo día de entre semana, el 10 de septiembre de 1909, y se evoca la época en que Francisco José I ocupaba aún el trono, y las cafeterías de Budapest sólo albergaban poetas modernos adscritos a distintas escuelas y tendencias. “ Los modernos, siempre modernos. Parece que los pudiéramos ver hoy en día, a esos Max Estrellas, a esos pombianos, fauna siempre nueva y siempre vieja. Y no es el único capítulo en que se parodia a los “poetas”.
Una muestra de su mirada:
“Debo admitir que el pueblo alemán es enigmático, más que cualquier otro. Piensan constantemente. Me encontré con unos cuantos adolescentes que “por principio” sólo comían alimentos crudos, que “por principio” realizaban cada mañana ejercicios respiratorios, que “por principio” se acostaban en lechos duros, sin manta, incluso durante el frío invierno.”
Trabaja poco con las expectativas, a la manera del relato sorprendente, de desvelamiento controlado, actual. Es más bien una serie de retratos, de anécdotas, una especie de costumbrismo expresionista, que va dejando en el lector un gusto amable y divertido.

La cometa dorada. Dezsó Kosztolányi

Dezsó Kosztolányi (Szabadka, 1885-Budapest, 1936) es uno de los mayores escritores de la literatura húngara del siglo XX y, por ende, europea y universal.

Portada La Cometa DoradaLa cometa dorada tiene lugar en los primeros años del siglo XX, pero refleja los mismos conflictos, la pulsante violencia, que toda Europa vive en los años 20, cuando fue escrita. Lo autobiográfico se mezcla en esta novela, como en toda creación, de manera indisoluble, con el arte. La cometa dorada refleja la doble perspectiva de la enseñanza desde el punto de vista del alumno y desde el punto de vista del profesor.

La actualidad de la obra es sorprendente. Cualquiera que haya sido estudiante, es decir, todos, hemos sentido, mezclada con nuestra crueldad, compasión por el profesor. Los acontecimientos, en su doble esfera social y personal, sobre todo la rebeldía de su sensual y manipuladora hija Hilda, son capaces de afectar, finalmente, al profesor Novak, pedagogo de vocación, liberal por elección. Desde la primera página, una serie de imágenes y temas recurrentes delimitan el conflicto, los mundos opuestos que se enfrentan en la novela: la eclosión de la juventud de la tierra y de los hombres, el calor (el calor y la tragedia, que pueden recordar viva, sorprendentemente, al lector español a “El Jarama”), la fiesta de la primavera, el sol y su representante, la cometa dorada. El sol: Una bola de fuego atravesaba el horizonte, abriendo brechas en el follaje con sus rayos oblicuos.

Una novela cuidada al detalle. Un desfile magnífico de personajes principales y secundarios que nos parece conocer, de nuestra infancia, de nuestra juventud, de nuestra vida. Lo cercano y lo lejano: Europa.