El detén, Claribel Alegría

El detén es un título -y un libro- que podría pasarse por alto sin problema: ¿qué es un detén, quién es esa niña de la portada, Claribel Alegría escribe novelas? Pero uno, con esa edición de Lumen, vieja, gastada, comprada en un mercado de viejo, sabe que está ante una pequeña obra maestra. Es una historia breve y sencilla dentro de toda esa compresión de sentimientos que la hace profunda y amplísima. Karen, un personaje que físicamente sólo me ha acompañado tres días y tres viajes de ferrocarril, se ha grabado a fuego en mi mente: se esconde en mi cuerpo, huele como mi piel, se ríe en las bocas de la gente y se atreve con lo que no debe contarse, que es casi todo. Karen inventa y vive lo mismo que sufre y camufla: se encuentra en un colegio interno de monjas porque su madre, que se marchó con un tipo llamado Mark, no la llevaba a clase y la tenía totalmente dejada, obligándola a rozarse con el lado más oscuro de la vida, con historias que después Karen explota una y otra vez y ensancha para poder dormir por las noches. Se convierte en una niña envidiablemente descarada y precoz, una rebelde rodeada de niñas dispuestas a ser monjas de mayor y sacrificar todo lo que tengan para dárselo a Dios. Karen elige a una de las hermanas como consejera espiritual y la pervierte con la única arma que puede tener una adolescente: la imaginación, la palabra, su cuerpo. La lleva y la trae como hace con el lector, acercando su pasado como si fueran escenas sacadas de una película morbosa y dominguera. Claribel Alegría tiene una voz exquisita en esta novela y sabe cómo encoger el corazón de Karen que todos tenemos adentro, latiendo bajito, ensordecedor a veces. ¿Que qué es un detén? Un escapulario que silencioso dice: detente, Satanás, detente.
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