Helena o el mar del verano, Julián Ayesta

imagesImpresiones vívidas del recuerdo, ternura y gracia. La obra, breve e inspirada por la nostalgia, roza en ocasiones el exceso, lo kitsch. Sin embargo, la belleza verdadera de su prosa la salva. Los últimos días del Edén, la inocencia de un tiempo de tecnología de tuercas y tornillos.

Delicia de Gijón. Para los asturianos, pero sospecho que para todos, las luces, los olores, los sonidos, todo es propio. Los personajes. La manera en que juntan los hombres sus cabezas para cantar a cuatro voces en el chigre “Duérmete fiu del alma”, los restos de centollo en la mesa.

Emotivo, encantador libro.

Leído en el taller de lectura de La librería de bolsillo. Charlamos sobre él el 03/11/2015. Rafael, el sobrino del autor, se disculpó al final y no nos acompañó. 

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Muerte en Persia, Anne Marie Schwartenbach

13Muerte en Persia fermenta en el recuerdo, una vez posamos el libro. Mientras que su lectura no es agradable como pueda serlo una obra en que cierta expectativa o un hilo argumental nos incitan a seguir o en que la identificación con algún personaje nos involucra, tiene, sin embargo, imágenes poderosísimas que van asentándose en la psique del lector lentamente. Es una obra poética en el sentido de que apunta a lo más hondo y oscuro, a lo innominado, a lo inalcanzable, y no de una forma racional o discursiva, sino de una forma esencialmente poética.
Aunque el epílogo es muy útil para interpretar desde cierto punto de vista lo que Annemarie nos está contando y nos da claves de su propia vida que son interesantes en este “diario impersonal” que tan personal es, en realidad, el interés de la obra es otro.
Para esta lectora lo más interesante es su idea del viaje como vértigo: droga; huída. El Happy Valley (que no hemos encontrado en internet) al que se retira, al que huye Annemarie, será para siempre uno de esos paisajes simbólicos e íntimos a los que volver. Cuando quizá olvide Muerte en Persia, recordaré ese lugar: me daré cuenta de pronto de que no he estado en él, y entonces pensaré que lo he visitado en un sueño; me daré cuenta al poco, quizá, de que tampoco fue un sueño, sino una lectura, de que el vale era suyo, de Annemarie. El alma, en el alto valle, descansa y se enfrenta a sí misma. El desierto, el lugar al que se retira Jesucristo para enfrentarse al Demonio, el lugar en que los hombres se enfrentan a sus miedos, es un locus literario siempre nuevo. ¿Literario? No, no sólo es un tópico.
La atracción por el vacío que se teme, la nada absoluta-no-la-nada de plenitud del budismo, sino esa nada inconcebible de la muerte, el horror, la falta de sentido, de esperanza. El horror. Ahí se dirige Annemarie como una yonqui (que es), aterrorizada y sin poder evitar su atracción. Atracción por la muerte. Terror.

El malentendido, Irène Némirovsky

el malentendido irene nemirovskyMagnífica primera novela de la magnífica Irène Némirovsky. ¿A qué mujer vio esta joven Némirovsky de 23 años sufrir así por amor? ¿De dónde surge ese conocimiento hondo y sutil del alma humana? La finura en el análisis y retrato de los sentimientos y las evoluciones de la protagonista de esta historia de amor son excepcionales. Vívido relato de la relación de dos amantes desiguales separados por un matrimonio, una posición social agobiada por la estrechez, la inseguridad, la desconfianza y la adoración de una de las partes, que impide respirar a la otra (la solución, por así decirlo, a este problema es original, real, uno de los rasgos más sorprendentes de la obra). Sigue leyendo

Ehrengard, Isak Dinesen

imagesIsak Dinesen cuenta cuentos. Casi podemos verla sentada en medio de los oyentes y haciéndolos sufrir y gozar con sus descripciones parsimoniosas. Vemos su sonrisa de torturadora que se regodea, que alarga el final con tal belleza que el final deja de importar y, cuando llega, es como si no llegara. Solo deja vibrar el silencio.
Isak Dinesen (en el prólogo, cómo no, habla de él su admirador más famoso de España, Javier Marías, quien ha dedicado su página web a la autora AQUÍ) escribió un cuento que es el mejor tratado de cuentística que haya leído (hace mucho, mucho tiempo; si fuera ella, aquí abriría una historia la voz de una «dama de edad»): La página en blanco. Una herencia de la maestra, un regalo en que nos ofrece su saber como contadora de cuentos. ¡No tiene nada que ver con un «cuentacuentos», por piedad! Una señora de edad ―siempre es una señora de edad― cuenta, deleitándose en las flores del camino y haciendo que la audiencia esté pendiente de cada palabra, como un niño del cuento antes de dormir, una historia de las que en su larga vida han cristalizado como las más bellas joyas de experiencia y sabiduría.
Y eso hace también en Ehengard. Sigue leyendo

Una novela rusa, Emmanuel Carrère

ImagenAnagrama, 2008

Carrère muestra a las claras, sin explicarlo, qué hace en esta novela y cómo lo hace: lo mismo que en Kotelnich. Es, en realidad, una obra sobre la creación, arte dentro del arte, por más que no se aluda a ello en ningún momento.

Carrère, un cámara, un técnico de sonido y un traductor llegan, siguiendo una pista (un combatiente húngaro de la Segunda Guerra Mundial fue internado en un manicomio, donde permaneció cincuenta años olvidado de todos), al pueblo de Kotelnich, en la Rusia profunda. Es un agujero ruin que por su absoluta falta de interés o atractivo lo fascina. Además, se da cuenta, como el antropólogo que estudia una tribu virgen, de que su mera presencia afecta la vida del pueblo, de que todos están pendientes de ellos y desean llamar su atención. Proyectan entonces un documental en Kotelnich radicalmente original: se ofrecerán como catalizadores, como actores en algún drama, en alguna historia. Necesitarán tiempo, un mes, y, por supuesto, dinero. Al cabo de un año en París, Emmanuel consigue el apoyo que necesita y vuelve a Kotelnich. Sigue leyendo

Baladas del dulce Jim, Ana María Moix

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Bartebly Editores, 2010

Ana María Moix publicó Baladas del dulce Jim en 1969. Fue la única mujer incluida en la ya mítica antología Nueve novísimos y, aunque dejó la poesía pronto (solo publicó tres poemarios, a pesar de que ha seguido siendo escritora en las variadísimas actividades en que un escritor se manifiesta), podríamos decir que es poeta, queriendo significar con ello que tiene la sensibilidad con que el auténtico poeta vive en el mundo, maravillándose ante el misterio del lenguaje, ante el misterio de la existencia. Todo poeta es niño, porque juega con absoluta seriedad, como solo los niños saben jugar. Jugar: aceptar una convención, participar seriamente (o juegas o no juegas) en una re-presentación. Cuando el poeta no juega, es terrible (como el ángel de Rilke).

Baladas del dulce Jim es un juego poético de referencias pop, kitsch, de intertextualidad. El lector puede elegir: juega o sale. El lector, nos atrevemos a decir, juega siempre con Ana María Moix, porque nada le gusta más que la complicidad con el autor, el entendimiento. Sigue leyendo

Las lágrimas de San Lorenzo, Julio Llamazares

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Alfaguara, 2013

Esta novela es un deshilar recuerdos a partir del motivo de las estrellas, que da cohesión al relato. El autor mira al cielo estrellado en compañía de su padre, precisamente la noche de San Lorenzo, cuando se puede ver cada año la lluvia de estrellas de las Perseidas; el autor mira, ahora con su hijo, el cielo estrellado la noche de San Lorenzo, muchos años más tarde y en un lugar muy lejano. Cuando era un niño, a la muerte de su abuelo (mientras miraba al cielo; ese mirar al cielo estrellado es como el hilván que une las escenas principales de la novela), le explicaron que los muertos se convierten en estrellas que brillarán mientras piense en ellas. La fugacidad de las estrellas es, pues, menor que la de la vida y cuando miramos al cielo estrellado todas esas personas nos reclaman.

«(…) la noche de San Lorenzo está llena de fantasmas y de sombras, de murmullos que vienen del otro mundo y que reclaman su recuerdo en este.»

Recuento de una vida a la manera caprichosa del recuerdo, sin un orden lineal ni lógico, sin progresión (no es, pues, muy narrativo: no hay argumento). Solo recuerdos que se deshojan y vuelven una y otra vez en círculo y, siempre, ese cielo que no cambia.
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